lunes, 2 de febrero de 2015

"Quitarse la sed con agua, ahorra cervezas"


 Hoy comentamos este estupendo artículo de el Pais: "Sigo a dieta y ya no adelgazo más, ¿por qué?",  por  Ángeles Gómez López.


        Según la revista científica "Nutrición Hospitalaria" en España el 65,5% de la población quiere adelgazar y el 45% ha hecho dieta sin éxito en algún momento de su vida.
        Además analiza los principales errores que frecuentemente se cometen y que conducen al título del artículo: "Si como tan poco, ¿por qué no pierdo más peso?".


        Veamos esos errores:

     1. Eliminar radicalmente ciertos alimentos de la dieta: A veces no queda más remedio, pero dietas muy estrictas, y el no comer "nunca" un determinado alimento produce frustración y cansancio, lo que puede llevar al temido rebote.

     2. Seguir regímenes calóricamente muy restrictivos: El cuerpo se adapta, nos produce hambre y corremos riesgo de compensar picando. Pese a tener la idea de que estamos siendo estrictos al final se suele acabar ingiriendo más calorías de las que creemos. Citando la frase de la Dra Monereo (jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Gregorio Marañón):  “...se acaba teniendo mucha hambre, se palía con el picoteo, y para compensarlo nos saltamos la comida siguiente".

     3. Pesar todo lo que vamos a comer: Debemos conocer la ración que nos corresponde pero ¿quién aguanta pesando los alimentos todos los días?.

     4. Pasar por alto el tamaño de las raciones: Aunque no pesemos los alimentos, sí debemos tener una idea clara del tamaño adecuado de las raciones. Muchas veces pensamos que comemos "poco" porque estamos acostumbrados a más y sin embargo son cantidades excesivas para nuestro gasto.

     5. Beber poca agua: mantener una buena hidratación es una de las cosas más importantes de la dieta para que el organismo elimine correctamente los residuos, y eso se consigue bebiendo entre 6 y 8 vasos de agua al día. Además, el acto contribuye a la sensación de saciedad. También se pueden tomar refrescos sin calorías (una lata al día, según recomienda Cohen).

     6. Ignorar las calorías de las bebidas alcohólicas: Todo suma y el alcohol son calorías vacías, sin aportar otros nutrientes. “Quitarse la sed con agua ahorra muchas cervezas”.

     7. Saltarse comidas o cenar un yogur: impide mantener unos niveles constantes de glucosa en sangre y esas oscilaciones favorecen la obesidad.

     8. Hacer de la ensalada el plato estrella: La idea es no quedarse con hambre, como hemos dicho antes, si pasamos hambre, acabaremos picando.

      9. Cocinar solo a la plancha y hervido: Hay que evitar la monotonía y hacer una dieta variada. El planteamiento es poder mantener la dieta en el tiempo. “El nutricionista tiene que enseñar al paciente a cocinar los alimentos en papillote, estofados con poco aceite o asados”, detalla Giuseppe Russolillo.

     10. Sustituir el pan por colines o una variedad tostada: “A igualdad de peso, los picos o el pan tostado tiene mayor cantidad de harina que el pan normal, que tiene más agua. Es más recomendable comerlo de barra; y si es integral, mejor”. Eso sí, hay que limitar el consumo de hidratos de carbono. "Si la comida contiene pasta, arroz o legumbre, no se debe mezclar con el pan", prosigue. También ocurre a la inversa, ya que otro error frecuente es “no contabilizar el pan entre las calorías presentes en una comida”, una omisión que puede estar arruinando su dieta.

     11. Poner azúcar al café: Todo suma y el azucar son caloa solución es utilizaredulcorantes artificiales, que en dosis pequeñas no suponen ningún riesgo para la salud.

     12. No leer las etiquetas nutricionales: un estudio internacional, liderado por científicos de la Universidad de Santiago de Compostela, ha comprobado que las personas que leen la información nutricional de las etiquetas de los alimentos en los supermercados se mantienen más delgadas. La explicación puede estar en el nivel cultural.

     13. Pensar en la dieta como una solución temporal: los tres expertos insisten en que más que dieta, de lo que hay que hablar es de un cambio en la forma de alimentarse. Jean Michel Cohen lo deja claro: “Hay que adoptar una nueva filosofía de alimentación, donde el conocimiento de las bases nutricionales permita a cada persona elaborar un plan correcto y adaptado a sus gustos. El eje debe ser: motivación, placer y salud".